
Pujada cambia de sentido pero los decisiones viales importantes en Villa Tulumaya siguen sin aparecer.

La reciente decisión de cambio de sentido de calle Pujada - se podrá circular solamente con sentido sur/norte - entre Beltrán y Bolívar - viene a sumar al orden del tránsito de microcentro, pero no destraba el drama diario de cientos de conductores, ciclistas y peatones que atraviesan el casco céntrico en hora pico.
Basta presenciar el desorden vehicular en la entrada y salida de alumnos del Instituto Nuestra Señora del Rosario sobre Beltrán (Ruta Prov. 34) o la incómoda convivencia entre peatones, vehículos en tránsito y el estacionamiento en doble mano sobre calle Montenegro - lugar muy concurrido por encontrarse la Escuela Galo - para concluir que los verdaderos cambios sobre la seguridad vial no han llegado. De hecho, las autoridades deberían avanzar sobre Sarmiento - entre Beltrán y Montenegro - convirtiéndola en un solo sentido (norte/sur) para completar un circuito que privilegie la fluidez de tránsito y seguridad vial de todos los transeúntes.
A esto, hay que sumarle la ausencia de un ordenador vehicular o semaforización en la intersección de Sarmiento y Ruta 34. Se trata del cruce más peligroso de Villa Tulumaya al que se exponen conductores de vehículos menores, camiones de carga, peatones y ciclistas en cada jornada. Apenas cien metros más allá, lo mismo ocurre en la intersección de Sarmiento y Dr. Moreno. Esos cruces son neurálgicos en la periferia de la plaza central pero nada se hace para mejorar la convivencia del tránsito.
Otra debilidad manifiesta, la escasa presencia policial en horario pico para ordenar la circulación - en las intersecciones ni frente a las escuelas- que favorece prioridades de paso como medida preventiva y perentoria, hasta que se decida avanzar con obras. Esta insuficiencia debe ser solucionado urgente, con obras o agentes asignados. En la zona transitan miles de alumnos cada día y - aunque los índices de accidentes no reflejan el problema - no hay que espera que la estadística cambie para atender la necesidad.
En el mismo sentido, no se ha trabajado en la suma de dispositivos ni en la sistematización semafórica de las avenidas principales. A diferencias de otras ciudades atravesadas por una ruta provincial, en Villa una red semafórica suficiente y la onda verde brillan por su ausencia.
Si de seguridad vial preventiva se trata, no aumentar la cantidad de semáforos en calles muy concurridas ni colocar ordenadores sobre la calzada o la señalética vial suficiente es no haber analizado el problema de fondo en el terreno y denota la ausencia de planeamiento urbano. En este marco, toda decisión aislada resulta justa pero insuficiente merced a los nuevos paradigmas del transito urbano, a los que Villa Tulumaya no es ajena.


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