Si San Martín fuera gobernador: el plan para resetear Mendoza y recuperar los ideales postergados

Frente a la fragmentación social, la burocracia y el declive educativo, el espíritu del Gran Capitán marcharía con austeridad implacable, mérito y un plan estratégico de desarrollo.
Opinión 16/08/2026 Por Pablo Chirino
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Si José de San Martín bajara de su pedestal y asumiera hoy la gobernación de Mendoza, no vería la gestión pública como un espacio de disputa retórica, sino como una misión de ordenamiento estratégico. El hombre que transformó una aldea colonial en una potencia logística y civilizatoria aplicaría de inmediato su pragmatismo y su rigurosa ética para corregir el rumbo de la provincia, rescatando aquellos ideales que la historia dejó postergados.

Frente a una realidad marcada por la división política y el estancamiento, el imaginario "Gobernador San Martín" actuaría bajo el mismo principio que guio su campaña libertadora: la unificación de los esfuerzos individuales en pos de un objetivo colectivo supremo.

"Compañeros del Ejército de los Andes: Ya no queda otro arbitrio que el de sujetarse a vencer o morir. La guerra se la tenemos que hacer del modo que podamos: si no tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos han de faltar; cuando se acaben los vestuarios, nos vestiremos con las bayetillas que nos trabajen nuestras mujeres, y si no, andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios. Seamos libres y lo demás no importa nada (...)"

                                                                                                                                      Mendoza el 27 de julio de 1819

Aquella frase, San Martín la redactó para fundir las voluntades de civiles, soldados, ricos y plebeyos en una única fuerza cohesionada. En la crisis de recursos, el general donó la mitad de su sueldo como Gobernador Intendente y controló con obsesión cada centavo público. Siguiendo esa línea, no cabe duda que hoy, su primera medida erradicaría los vicios de la política moderna.

Austeridad y transparencia digital sería su objetivo. Con un Estado entramado en exceso, reduciría al mínimo las estructuras burocráticas innecesarias. Cada peso recaudado y cada gasto gubernamental se expondrían en plataformas digitales de acceso público, emulando las estrictas rendiciones de cuentas que el General realizaba ante el pueblo cuyano.

Fiel a su máxima de que "mi sable jamás saldría de la vaina por opiniones políticas", San Martín gobernaría convocando a los cuadros más técnicos y honestos, sin importar su afiliación partidaria. Consideraría la división política interna como una debilidad inaceptable para el desarrollo de la provincia.

El Libertador que impulsó la creación de canales de riego para ensanchar la frontera agrícola y fomentó los talleres industriales de vanguardia para su época, hoy aplicaría la tecnología más avanzada disponible.

Reconversión hídrica ante el cambio climático: El espíritu del canal Reducción se traduciría hoy en la digitalización absoluta de las cuencas hídricas, la tecnificación intrafinca obligatoria y obras de infraestructura para optimizar cada gota de agua en Mendoza.

La matriz del conocimiento: Los laboratorios y fábricas de pólvora de Luis Beltrán serían hoy polos de software, biotecnología y desarrollo de energías renovables. San Martín exigiría volcar los recursos provinciales hacia la economía del conocimiento para exportar talento mendocino al mundo.

Para San Martín, la educación era el verdadero pilar de la libertad, llegando a afirmar que una biblioteca era más poderosa que un ejército. Hoy, su gestión pondría el foco en la crisis del sistema de enseñanza.

Pacto educativo y mérito: Revalorizaría la formación docente y jerarquizaría el salario de los educadores, exigiéndoles a cambio excelencia académica. Implementaría un plan de conectividad e infraestructura tecnológica en cada escuela, garantizando que el acceso al conocimiento sea equitativo tanto en las zonas urbanas como en las rurales de la provincia.

Para San Martín, la Mendoza del siglo XXI tiene todas las herramientas para ser el motor de la región, pero padece de una falta de dirección estratégica. Su gobierno no buscaría soluciones mágicas ni dependería de los vaivenes de la Capital Federal; despertaría, una vez más, la capacidad de realización y el orgullo del pueblo cuyano para demostrar que el desarrollo sostenible solo se logra con educación, trabajo y una honestidad inquebrantable.

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