Historias de mostrador: La canasta oculta que golpea a Lavalle y deja corto el índice oficial

El último informe de la consultora Qualy revela que la inflación real es 15,5 puntos mayor a la que miden los organismos públicos. En los comercios y hogares lavallinos, la brecha se traduce en changuitos vacíos, marcas desconocidas y el fin de los históricos asados familiares.
Regionales 19/08/2026 Por Natalia Tomelín
comercio lavalle
La postal del microcentro en Tulumaya es de pocos peatones y comercios casi vacíos

Mendoza ya no se mide con la misma vara, o al menos eso es lo que sienten los vecinos en el bolsillo cada vez que pasan por la caja de un supermercado o un almacén de barrio. Mientras los índices oficiales intentan consolidar una narrativa de desinflación, la realidad de las familias en los departamentos más alejados del Gran Mendoza cuenta otra historia. Una historia de malabarismo económico y resignación.

Esta desconexión tiene ahora un respaldo técnico contundente. El último informe de la consultora Qualy sacudió el tablero económico al revelar que la inflación acumulada alcanza un 344,3% si se aplica una canasta de consumo actualizada, adaptada a lo que los argentinos verdaderamente gastan hoy

Este dato contrasta fuertemente con el 328,8% que registra el método de medición tradicional oficial, exponiendo una brecha de 15,5 puntos porcentuales que queda "invisibilizada" en los papeles, pero que se siente con crueldad en la vida cotidiana. 

Para entender cómo se vive esta brecha de 15,5 puntos en el territorio profundo de nuestra provincia, Click Mendoza recorrió el departamento de Lavalle, dialogando con vecinos y comerciantes de Villa Tulumaya y zonas rurales, donde el transporte y la distancia encarecen aún más la realidad.

En la puerta de un conocido autoservicio de la capital lavallina, Estela (43), madre de tres hijos y empleada municipal, acomoda las pocas bolsas que lleva en la caja de su moto. Su testimonio refleja el cambio estructural en la mesa familiar. "El Gobierno te dice que las cosas aumentan menos, pero a mí el sueldo se me va entero en la boleta de la luz, el gas y el colectivo de los chicos. Para comer, tuvimos que tachar todo lo que tenga marca conocida. En mi casa ya no entra la leche de primera línea; compramos un polvo para preparar que es más barato. Del asado de los domingos nos olvidamos hace meses; ahora el pollo o la aguja regulan la semana", relata Estela con resignación.

El fenómeno no solo afecta a los consumidores, sino que estrangula a los comercios de cercanía. Miguel (58), dueño de un almacén de barrio en las afueras de Tulumaya, explica que el comportamiento de sus clientes cambió drásticamente en este invierno de 2026. "La gente ya no viene a comprar mercadería para el mes o la semana. Vienen con la plata justa para el día: cien gramos de paleta, dos papas, tres huevos".

La divergencia que detectó la consultora Qualy responde a que las mediciones tradicionales no terminan de ponderar el peso real que hoy tienen los gastos fijos regulados (como las fuertes subas de tarifas y el transporte público) en relación al salario.

Al absorber más recursos los servicios esenciales, el margen para la alimentación y el consumo masivo se reduce drásticamente, obligando a un cambio forzado de hábitos. 

Carlos (67), jubilado de la zona de El Chilcal, sintetiza el sentimiento generalizado de la comunidad lavallina con una frase que mezcla nostalgia y supervivencia: "Uno está viejo y aprendió a privarse de cosas. Lo que más duele es perder las costumbres. Antes, el fin de semana venían mis nietos y compartíamos una gaseosa, un helado. Hoy se toma agua de la canilla o jugo de sobre. Compartimos el mate y gracias. Hoy tenés que elegir entre comprar los remedios para la presión o comprar un kilo de milanesa".

Lavalle, con su fisonomía de esfuerzo agrícola y comercial, resiste el impacto de una economía que, según los gráficos de la consultora Qualy, mantiene una divergencia constante (como ya se vio en julio, donde la proyección renovada superó a la oficial).

Mientras los números macroeconómicos sigan discutiendo decimales en las oficinas de Buenos Aires, en las calles lavallinas la única certeza es que la brecha se paga resignando calidad de vida.

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