Súper Niño: la amenaza para la cosecha de melones y sandías en Lavalle

Lluvias atípicas, humedad persistente y tormentas estivales amenazan con pudrir los frutos en la tierra y aguar la marca registrada del sabor lavallino.
Regionales 07/10/2026 Por Natalia Tomelín
sandias
El exceso de agua podría poner en riesgo los cultivos tradicionales del norte mendocino.

El desierto de Lavalle se construyó históricamente sobre la cultura de la aridez. Sin embargo, los pronósticos meteorológicos para esta primavera y el próximo verano imponen un desafío inédito para la comunidad agrícola: la consolidación de un fenómeno de "Súper Niño" con un 100% de probabilidad de permanencia, dispuesto a alterar de forma drástica el clima seco de la región. 

En una provincia donde el agua suele ser un recurso escaso y disputado, las proyecciones de precipitaciones que podrían duplicar o triplicar los promedios históricos en los meses estivales encendieron las alarmas de los productores hortícolas, especialmente de quienes sostienen el cultivo insignia del departamento: el melón y la sandía.

Tanto la sandía como el famoso "melón de Lavalle" son frutos que requieren sol pleno, alta radiación y bajísima humedad ambiental para desarrollarse y acumular la concentración de azúcares que les confiere su distintivo nivel de dulzura. Un escenario signado por frentes de lluvia continuos, días nublados y humedad retenida en el suelo ataca directamente la línea de flotación de este sector. 

El exceso de agua no solo diluye la concentración glucídica del fruto dejándolo insípido para el mercado, sino que genera las condiciones óptimas para el estallido de enfermedades fúngicas letales como la peste blanca, el mildeu y la antracnosis, capaces de defoliar la planta y podrir las piezas directamente sobre la tierra anegada.

A este cuadro epidemiológico se le suma la amenaza del rajado de fruta por choque hídrico —un fenómeno brusco donde el exceso de absorción de agua rompe la cáscara antes de la cosecha— y el riesgo latente de tormentas severas con caída de granizo, una combinación letal para las hojas ancladas al nivel del suelo. 

Frente a esta encrucijada, los agricultores lavallinos ya trabajan a contrarreloj en tareas de mitigación: elevan los lomos de siembra para favorecer el escurrimiento, instalan canales de drenaje perimetrales, aplican esquemas preventivos de fungicidas y ajustan el manejo del riego por goteo para evitar que la tierra saturada termine destruyendo meses de trabajo.

El impacto de este "Súper Niño" expone la paradoja del campo mendocino: mientras la acumulación de nieve en cordillera da un respiro a la cuenca hídrica provincial - según datos de Irrigación hay 11% más de agua que el escurrimiento medio - en el llano de Lavalle la abundancia de lluvia amenaza con transformarse en la peor pesadilla para una producción que depende de la aridez para alcanzar su excelencia.

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