
"Elijo la vida que quiero vivir": la historia de Raquel Álvarez, la mendocina que derriba barreras con pasión y libertad

Es coordinadora universitaria, maquilladora de reinas, coach y futbolista. En una conmovedora entrevista para Plano General, la lasherina repasó su historia, desafió los límites mentales y dejó una profunda enseñanza: "Trato de ver lo que sí tengo con lo que ya tengo".
Hay personas que, al hablar, tienen la capacidad de pausar el vértigo diario e interpelar de raíz a quien las escucha. Eso ocurre al conocer a Raquel Álvarez. Vecina de Las Heras, graduada, deportista, maquilladora y coach ontológico, actualmente se desempeña como coordinadora del Área de Accesibilidad Académica en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), donde acompaña a estudiantes en sus trayectorias educativas. Sin embargo, su mayor rol parece ser el de inspirar a través de la acción cotidiana.
En un emotivo diálogo en el programa Plano General, Raquel repasó su vida y los desafíos de convivir con artrogriposis congénita múltiple, un diagnóstico médico de nacimiento que afecta sus articulaciones y la convierte en usuaria de una silla de ruedas a motor. Lejos de encasillarse en la fragilidad que la sociedad suele asociar a la discapacidad, ella prefiere resumir su propósito en una sola frase: "A lo que me dedico es a acompañar a las personas. Eso encierra todo lo que hago en los distintos espacios que elijo vivir".
Trascender los límites y la mirada del entorno
Al ser consultada sobre qué significan los límites, Álvarez fue contundente al señalar que las barreras más complejas no son corporales, sino sociales y actitudinales. "Puede haber algún tipo de límite, pero también está en cómo lo interpretamos. Yo siempre apuesto a poder llegar de alguna manera y trascender esos límites. Pasa mucho por las creencias, principalmente en los pensamientos. Esa es la barrera más grande", reflexionó.
Bajo la premisa "Elijo la vida que quiero vivir", Raquel aclaró que su postura no nace de un optimismo ciego. "No hablo desde un positivismo extremo, porque nos tenemos que permitir también tener los espacios de tristeza o si hay algún tipo de frustración; pero mayormente trato de ver lo que sí tengo con lo que ya tengo, y ver qué puedo hacer desde lo que ya tengo", explicó, invitando a revisar las prioridades que cada uno establece en su agenda diaria.
Uno de los momentos más conmovedores del encuentro fue cuando recordó su experiencia como maquilladora en la Fiesta Nacional de la Vendimia, espacio en el que participa desde hace ocho años. Por su condición, Raquel no puede elevar los brazos, por lo que adaptó su técnica utilizando una reposera donde las soberanas se recuestan para quedar a la altura de sus manos, que están rotadas hacia los lados.

Con evidente emoción, recordó una anécdotas con las soberanas: "El año pasado, dos o tres reinas estaban detrás mío y me decían que estaban esperando para que yo las maquillara. Se me llenaron los ojos de lágrimas. Cuando tomé la decisión de querer maquillar, pensaba: '¿Quién se va a dejar maquillar por mí?'. A simple vista creía en mis limitaciones, pero la pasión era tan grande que cerré los ojos y dije: 'Yo lo quiero y lo hago como sea".
Esa misma determinación la llevó a sumarse a los Malbec Warriors, el equipo mendocino de la Fundación Powerchair Football (fútbol en sillas de ruedas a motor), del cual hoy es referente. Aunque al principio el deporte no le atraía y su familia se sorprendió, subirse a una silla profesional de alta velocidad le cambió la perspectiva. "Salí llorando de la emoción. Controlar la velocidad es libertad absoluta. Es la libertad de tener que tomar decisiones en el momento. A partir de acá, no paro", relató, aprovechando para convocar a más mujeres a sumarse.
Hacia el final de la entrevista, Álvarez analizó cómo la sociedad aborda la inclusión y propuso un cambio terminológico y cultural profundo. "Todavía falta. No podemos hablar de convivencia si tenemos que estar hablando todo el tiempo de esta palabra que es inclusión. En realidad, no sería inclusión porque ya estás dentro de la sociedad; en todo caso tendríamos que hablar de la exclusión", advirtió, sumando que el verdadero paso adelante ocurrirá cuando se priorice la condición de "persona ante todo, y la capacidad que tenemos para hacer tal o cual cosa".
Al mirar retrospectivamente a la niña y a la joven que fue, aquella que alguna vez vio el panorama difuso y abandonó carreras universitarias por falta de accesibilidad antes de poder recibirse de licenciada, Raquel se permitió conmoverse: "La felicito por haber logrado todo lo que realmente quiso vivir. Mientras haya vida, hay proyectos que van a seguir generando nuevos sueños".

Con la gratitud a flor de piel, rodeada del afecto de su numerosa familia y con el sueño latente de la casa propia en su querido departamento de Las Heras, Raquel Álvarez cerró un encuentro que, más que una entrevista, funcionó como un recordatorio de lo que sucede cuando se decide, a conciencia, encender la propia luz.
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