Carne de burro: ¿Reflejo de crisis económica o alternativa alimentaria saludable?

Valorada en varios países como plato milenario, en Argentina su consumo despierta opiniones encontradas. 
Actualidad15/04/2026 Por Pablo Chirino
carne molida

El consumo de carne de burro es una tradición milenaria en varias culturas del mundo, aunque su popularidad varía según la región. Los principales países donde se consume de manera tradicional son China, Italia, México, Nigeria, Burkina Faso, Senegal, Mali y Mauritania. En menor medida en España, Francia o Bélgica, por nombrar algunas culturas donde la carne de burro se encuentra regulada por organismos de control sanitario y  códigos alimentarios específicos, tanto para el consumo interno como la exportación, 

En Argentina, ese marco legal específico no existe y lo normado en general resulta restrictivo para este tipo de carne.  El Código Alimentario Argentino no contempla explícitamente a los burros domésticos para comercialización masiva, lo que dificulta los controles bromatológicos oficiales. Sin embargo, a la barrera legal se suma el efecto  negativo en los hábitos alimentarios en algunas regiones del país. 

Aún en este contexto, Chubut intenta cruzar esas limitantes y la carne de burro ya se comercializa a precios significativamente inferiores frente a los cortes vacunos.

Recientemente se conoció que cuenta aproximadamente $7.500 el kilo. Dato que algunos lo vincula a una variante alimenticia nacida de la crisis económica que viven miles de familias en la Patagonia. Pero que otros, destacan como aprovechamiento productivo de un animal rústico capaz de prosperar en suelos degradados donde las vacas u ovejas ya no pueden sobrevivir debido a sequías o falta de pasturas de calidad.

En cuanta a su valor nutritivo se la considera extremadamente magra, con un contenido graso significativamente menor que la carne de res. Aporta aproximadamente un 20% de proteína y altos niveles de hierro, lo que le da su característico color rojo oscuro.

Los beneficios no regulados de la carne de burro en Argentina hace que sin controles formales, el consumo clandestino pude traer aparejado problemas de salud en las personas. Por ejemplo, sin una cadena de frío estricta y controles de faena, existe el riesgo de contraer salmonelosis, infecciones intestinales o incluso encefalitis si la carne está contaminada. En el caso de animales usados para el trabajo, pueden haber recibido tratamientos con antibióticos o anabolizantes no aptos para el consumo humano

Para que la carne de burro pase de ser un producto experimental a uno apto para el mercado general en Argentina, debe superar una serie de estándares de seguridad alimentaria y vacíos legales que hoy restringen su venta masiva. Para una comercialización regular, especialistas indican que el Código Alimentario Argentino debería ser modificado o actualizado para autorizar explícitamente el consumo de asnos en el mercado nacional, no solo para exportación. En la actualidad, el CAA define genéricamente como "Carne" solo a la de bovinos, ovinos, porcinos y caprinos.

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